Pian

Más barato que fichar a Neymar: erradicar del planeta la segunda enfermedad de la historia costaría tan solo 60 millones de euros

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MARTA GASTÓN
Tras la viruela, el pian podría convertirse en la segunda enfermedad de la historia en ser erradicada de la Tierra. La Organización Mundial de la Salud se propuso eliminarla por completo en 2020, aunque recientemente ha trasladado la fecha a 2030.

La comunidad ghanesa de Ankonase se encuentra a más de media hora del centro del distrito de Dunkwa, en el Upper Denkyira East. Es una zona escarpada, con muchas cuestas empinadas que se tornan inaccesibles en época de lluvias. Allí, hace apenas unos meses, le detectaron a AGNES ANAWA pian, una dolencia cutánea englobada dentro de las llamadas Enfermedades Tropicales Desatendidas.

Agnes Anawa, enferma de pian (Comunidad de Ankonase, Ghana).

Los padres de Agnes, Yaa Agyakwa (la madre) y Joseph Achia (el padre) (Comunidad de Ankonase, Ghana).

El PIAN, al igual que otras enfermedades tropicales de la piel, es una infección que afecta a la piel, los cartílagos y los huesos de quienes la sufren. Se trata de una dolencia altamente contagiosa causada por una bacteria Treponema pallidum, que genera úlceras en la piel del tamaño de una moneda de dos euros. Si se les proporcionan los cuidados adecuados, éstas cicatrizan; pero, de no hacerlo, la infección cala en los huesos y acaba produciendo deformidades, discapacidad y mucho dolor.

Una campaña internacional liderada por la Organización Mundial de la Salud consiguió llevar al pian prácticamente a la extinción en los años 50, pero la relajación en las medidas de prevención provocó que la bacteria reapareciera y se produjese un repunte. Actualmente, 15 países son endémicos y anualmente se detectan cerca de 100.000 nuevos casos, el 80% de ellos en niñas y niños como Agnes. “No tuve miedo cuando vi la herida, tampoco cuando me explicaron lo que era. Ya sabía que existía esta enfermedad porque en la escuela me habían hablado sobre ella”, cuenta.

Tras ser diagnosticada, Agnes pudo recibir tratamiento y curarse, pero muchas de las víctimas del pian no corren esa suerte y resultan doblemente damnificadas. No en vano, además de lidiar con los dolores y deformidades propias de la enfermedad, también deben hacer frente al ESTIGMA y a la MARGINACIÓN que esta les genera. “Cuando un niño ha sufre una ETD, es difícil que vuelva al colegio. Sus compañeros se ríen de él, así que muchos deciden no volver”, asegura Louis Ofore-Attah, profesor en el distrito ghanés de Mpohor.

Además de lidiar con los dolores y deformidades propias de la enfermedad, también deben hacer frente al estigma y la marginación.

En CASA la situación puede incluso empeorar, pues algunos progenitores atribuyen la aparición de la enfermedad a ‘designios divinos’. “Algunos padres ponen las cosas difíciles. Cuando te fijas en las comunidades, te das cuenta de que muchos son analfabetos porque no pudieron ir al colegio, así que no suelen transmitir a los hijos la importancia de terminar el proceso educativo para que puedan ser alguien importante en el futuro”, cuenta Ofore-Attah.

El profesor recalca que, para vencer al pian, hace falta una MAYOR SENSIBILIZACIÓN Y CONCIENCIACIÓN, pero también mejores instalaciones sanitarias y, sobre todo, MEDICAMENTOS. “Las necesidades más acuciantes son medicamentos y mejores instalaciones sanitarias. Hay 72 escuelas en el distrito, pero muchas de ellas no tienen agua potable, ni letrinas. Eso dificulta mucho el aprendizaje y, sobre todo, que las sesiones de sensibilización sean realmente eficaces ya que no se puede practicar in situ con los niños y niñas”, asevera.

La pastilla que puede acabar con el pian

Históricamente, al PIAN se le ha definido como la enfermedad que ‘comienza cuando acaban los caminos’ porque la inmensa mayoría de personas afectadas viven en situación de pobreza y residen en zonas de difícil acceso, a las que los trabajadores de la salud no pueden llegar o lo hacen con muchos obstáculos.

Hasta 2012, el tratamiento de referencia era la penicilina inyectada. Si bien es eficaz, resulta muy difícil de administrar, ya que requiere de personal formado, y es muy doloroso. A partir de ese año, todo cambió. Fue entonces cuando el investigador catalán Oriol Mitjà y su equipo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) descubrieron que la enfermedad podía ser curada con un antibiótico común y de bajo coste, la AZITROMICINA. Una sola dosis, en forma de pastilla, es tan eficaz como la penicilina.

El investigador catalán Oriol Mitjà y su equipo de ISGlobal descubrieron en 2012 que la enfermedad podía ser curada con un antibiótico común y de bajo coste, la Azitromicina.

El hallazgo de un método más barato y fácil de administrar abrió las puertas de la ERRADICACIÓN DE UNA ENFERMEDAD que, tras la viruela, podría convertirse en la segunda de la historia que desaparece de la faz de la Tierra. La OMS fijó el año 2020 para llevar a cabo este objetivo y diversas ONG, como Anesvad, trabajan en Ghana y otros países vecinos para lograrlo.

Oriol Mitjà atiende a un niño en la  Isla Lihir, Papúa

Oriol Mitjà atiende a un niño en la Isla Lihir (Papúa) - © Oriol Mitjà/ISGlobal

La pastilla es muy poco costosa; aproximadamente, el tratamiento junto con la distribución de la pastilla y la vigilancia, cuesta UN EURO Y MEDIO por persona y en todo el mundo se deberían tratar entre 20 y 40 millones de personas. Es decir, que el coste de una Campaña de Erradicación Mundial sería más barato que el de un avión o una plantilla de fútbol”, relata Mitjà.

La donación de EMS

La erradicación del pian es posible, es técnicamente fácil porque tenemos una pastilla, una forma de diagnosticarla y tenemos unos métodos de vigilancia”, apunta Mitjà y, sin embargo, a pocos más de dos meses para alcanzar el 2020 parece claro que su eliminación completa deberá posponerse. ¿Por qué? El investigador apunta a factores económicos y políticos. “Recordemos que la enfermedad afecta a poblaciones de países particularmente empobrecidos, por lo que sus gobiernos difícilmente tienen los fondos para adquirir los tratamientos necesarios. Hace falta compromiso político, y movilización de los recursos adecuados”, explica.

Recientemente, la compañía farmacéutica brasileña EMS reforzó la idea de una próxima erradicación al anunciar que donará la azitromicina necesaria para desplegar una acción global, liderada por la OMS, que persiga la eliminación de dicha dolencia. “La donación de EMS permite superar un escollo fundamental. Erradicar la enfermedad tiene que concebirse como una responsabilidad compartida entre muchos actores, no solo los países afectados. Creo que pone de manifiesto hasta qué punto esta articulación plural es necesaria”, declara Mitjà.

La compañía farmacéutica brasileña EMS donará la azitromicina necesaria para desplegar una acción global que persiga la eliminación de dicha dolencia.

No obstante, la ofrenda de la farmacéutica por sí sola no es suficiente. “Es cierto que tenemos el compromiso de EMS de donar la azitromicina, pero debemos conseguir la financiación para hacerla llegar a todas las personas en riesgo, que viven en su mayoría en zonas de difícil acceso. Además, tenemos que controlar muy estrechamente que no aparezcan resistencias al antibiótico, que podrían poner en riesgo la erradicación”, explica Mitjà.

El investigador apunta, además, a la necesidad de lanzar campañas de sensibilización entre la población de los países ricos, para que entiendan que hay enfermedades que persisten por falta de interés en las agendas de quienes toman decisiones. Ante esto, asegura, “se puede optar por contribuir a financiar la ciencia y las acciones necesarias para mitigar un sufrimiento que es a todas luces innecesario, o por presionar para que la omisión en los programas electoras de nuestras responsabilidades para con los perdedores de la globalización tenga un coste político".

Si pudimos llegar a la Luna, también tenemos que ser capaces de eliminar una enfermedad”, concluye.